sábado, 26 de mayo de 2012

Destellos


Todas las mañanas lo mismo. El despertador suena, lo apagan y se dan vuelta. La cama los abriga pero es hora de salir. Otro día rutinario los está esperando. Se bañan, se cambian y salen. No funciona el ascensor. Vuelan por las escaleras. Abren la puerta. San Telmo esta fría. Se dirige a la esquina de Estados Unidos y dobla a la izquierda. Se dirige a la esquina de Estados Unidos y dobla a la derecha. Caminan al café de siempre. Suena un celular, lo atiende. Busca la billetera y se distrae. Se chocan en la puerta del café y por primera vez se observan. Se sonríen. No hay vuelta atrás.
Ya no sería un día más, rutinario como siempre, no.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Dante

A pedido del público (??) subo esta pequeña historia que escribí hace mucho en el CBC para Semiología. Espero les guste.


Una mañana desperté y ví que él ya no estaba a mi lado. Todo se volvió confuso, no podía pensar con claridad. Los recuerdos de la noche anterior me abrumaban, me confundían, pero por sobre todo me dolían. No comprendía su comportamiento, ¿por qué se iría sin darme alguna explicación, comportándose tan infantilmente? Decidí calmarme, respirar hondo y pensar con claridad; Dante no podía estar dejándome, largando toda nuestra relación por una simple discusión de pareja. El casamiento me estaba poniendo paranoica, no estaba disfrutando la preparación de un momento tan importante para los dos como era este; el me había propuesto matrimonio así que no debía dudar de sus sentimientos. Definitivamente necesitaba calmarme, contar hasta cien si era necesario y pensar dónde podría estar mi futuro marido. Decidí darme una ducha, cambiarme y desayunar tranquila; era sábado y no debía ir a trabajar por lo tanto disfrutaría de mi fin de semana en casa. El paradero de mi novio me preocupaba bastante pero no debía pensar mal, aunque el no se levantase temprano los fines de semana éste podría haber sido la excepción. Todo no giraba en torno a mi así que Dante seguramente habría salido a comprar algo, a caminar o a dar una vuelta, simplemente para reflexionar un poco lo mal que habíamos terminado la noche pasada. El me amaba y yo a el. Nuestro amor era de esos que no podían explicarse con palabras, solo había que vernos y ya cualquiera podía percibir la entrega incondicional que llevábamos brindándonos desde hacia ya tres años. Todo era muy mágico y hasta a nosotros a veces nos costaba entender de donde salía toda esa química que poseíamos, cómo a primera vista nos habíamos enamorado.
De repente sonó el teléfono. Me tomo por sorpresa ya que mi mente estaba viajando en los recuerdos del pasado. Tomé el teléfono y me quede mirando el número que llamaba para ver si reconocía quién podría ser que estuviera llamando un sábado por la mañana. A los pocos minutos descubrí que era mi hermana. Desde el momento en que dije “Hola” todo fue muy rápido. Ahora sí Dante me había abandonado; un accidente automovilístico me lo había arrebatado de las manos. Todos los hermosos momentos juntos se habían ido junto con el. Ya nada me quedaba, solo un vestido de novia que jamás usaría, una casa vacía que no valía la pena compartirla si no era a su lado.
Tuvo que pasar mucho tiempo y muchas sesiones con mi psicoanalista para poder realizar mi duelo, rearmar mi vida y ponerme a contar la historia que a Dante mas le hubiera gustado que guardase en mi corazón para siempre; la de nuestro sincero y puro amor.

martes, 14 de septiembre de 2010


Miro a través de la ventana. Llueve. Me pierdo en mis recuerdos. Una amiga me pregunta qué hago. A lo lejos una voz, un hombre, retumba; no deseo escucharlo y vuelo. Voy más allá de estas cuatro paredes.
El árbol se agita por el viento malvado que sopla. Tiemblan los vidrios y me estremezco. El sonido me traslada a días en los que prefería callar, no oír; desaparecer. Ser otra. Caminar amarrada a tu cintura sin ningún paraguas que nos proteja solo la dura coraza de nuestro amor.
Y aquí todos callan mientras escuchan. Yo sigo observando como ahí abajo otros caminan, piensan en su amor, corren rápido a su casa, intentan olvidar el dolor, sueñan con un mañana mejor. Después de un día atrajeado solo desean secar las lágrimas que el cielo derramo y besar a quien los espera. Lo mismo espero yo. Llegar, mirarte y saberme viva. Porque estos días pasarán, el césped crecerá, el asfalto secará y mi vida volverá a girar sobre una ruleta de la cual poco sé ni me importa qué sucederá. Solo…



…solo Vivir.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Jugando a ser Penélope


Me veo parada como en una gran plaza donde miles de voces pasan por mi alrededor y yo intento captar una sola voz, tu voz, que me rescate del naufragio. Quizás deba sentarme a esperar pero no tengo ni deseo hacerme el tiempo necesario.
Ahora bien, esto es mentira. Sí, deseo. Te deseo y vos no me ves ahí sentada esperándote, jugando a ser Penélope, envejeciendo, sintiendo el vértigo del tiempo que pasó, que se alejó, que me abandonó y me dejo tirada en el callejón de los corazones rotos.

Y el tiempo vuelve a la realidad. Nada cambió. Vos estás a mi lado mirándome con curiosidad y preguntándome qué sucede, por qué una lágrima se arrastra por mi mejilla. Y yo te quito un beso y una sonrisa; entiendes que todo marcha más que bien, que simplemente me haces feliz.

jueves, 26 de agosto de 2010

Pensando en las miradas invisibles

Me puse a revolver la cartera, que viene a ser como una especie de casa ambulante. Me sorprendí con la cantidad de cosas que llevo por si... Cosas que quizás ni sabía que estaban. Cosas que creí haber visto y no estaban.
Justamente eso que buscaba se ve que lo saque.
Y entre todo ese mundo habia unas postales; sí, postales. Resumen: Ayer fuí a una casa de música y libros, las vi, las agarre y las guarde. Cuestión que una tenía el título de una película que me llamo la atención cuando la vi. "La mirada invisible". No se de qué se trata la peli pero a mi ese título me hizo pensar en las miradas invisibles que todos los días pasan por nuestro lado. Sentí como si todos esos objetos me miraran y supieran lo más íntimo de mi. Como si las hojas del cuaderno donde encribo guardaran los secretos más profundos y fueran las únicas con la mirada permitida.Invisible, porque no se ve, porque no la veo.
Esto puede sonar una locura, pero cuando caminamos también hay miles de miradas invisibles. Miradas que nosotros no vemos, pero ahí estan, que seguro se preguntan por qué nos vemos tristes, o tan alegres, o perdidos, o simplemente en stand by. O también pueden llegar a ser vacias. Yo por momentos soy, me siento, una mirada invisible porque me parece fascinante observar a los otros sin que sepan que los estoy viendo e intentar comprender qué les sucede. Ponerme en su lugar y sentirme parte del otro, aunque sea un completo desconocido.
Quizás sería bueno mirarnos a los ojos más seguido y dejar de ser miradas perdidas en el aire. No mirar vacios. Poder hacernos visibles; dejarnos ser visibles, sin miedo a perder algo, más bien a ganar una sonrisa, un abrazo, un beso, un Te Quiero.
Perder el miedo.
Eso es lo que deseo para el día de hoy y para el mañana; nuestro futuro más cercano y el más posible.

martes, 24 de agosto de 2010

Sumergida

Sucede que de vez en cuando
vuelves a mi vida.
No puedo más que adorarte
aunque debería odiarte, dejarte,
alejarme, perderme… volar.
Ser libre de tu mal
deshacerme del peso que me ata
a las tinieblas de tu amor.

Podría culparte de mi agonía
pero como hacerlo si yo…
Yo ya no se qué rumbo seguir.

Vuelve a brillar ángel,
sacia esta sed, calma el dolor.
Bésame, bésame, destrúyeme,
llévame lejos de aquí
donde aquel hombre que espero me espera
sin saber de mi; sin saber de él,
Buscándonos en la inmensa oscuridad.




Tatiana Aimé Michelena.

lunes, 23 de agosto de 2010

He escuchado decir muchas veces que uno siempre vuelve a su primer amor, pero realmente no lo creo ¿Por qué deberíamos hacer eso? O mejor dicho, ¿qué nos impulsaría a hacer eso? Quizás cuando la gente repite esta frase en realidad quiere expresar otra cosa, algo más profundo de lo que a primera vista podemos pensar.


Ella iba a la parada del colectivo después de un largo día de trabajo, como de costumbre. Agobiada por el malestar de la ciudad, divagaba en su mente, pensaba en él, que no la merecía sinceramente, pero ella no podía verlo, se negaba a aceptar la realidad que le tocaba vivir y prefería vivir con la idea de lo que podía llegar a pasar.
Llego el colectivo, ella se subió, saludo al chofer como siempre hacia y fijo su mirada en el suelo, siempre con la cabeza a gachas. Pero por esas cosas de la vida, como si tuviera un hilo atado a su cabeza, la alzo y se encontró con un extraño de ojos profundamente negros. Él al principio no se dio cuenta y ella quiso esquivar su mirada cuando él se fijo en ella, pero no pudo, era como si dos imanes se atrajeran y resultaba imposible separarlos. Por su cabeza lo primero que paso fue aquel hombre al cual ella deseaba tanto pero como si nunca hubiera existido acepto que ese no era su destino. Aquel extraño de ojos negros frunció el seño al ver como el rostro de la joven cambiaba; él deseaba acercarse a ella y amarrar a su cintura la vida entera, entregársela por completo y para siempre. Y por esas cosas que el amor no pude explicar los dos callaron y, a pesar de que estaban uno al lado del otro no pudieron expresar sus sentimientos, que eran los mismos.
Y si ¿dos extraños en un colectivo diciéndose que se amaban sin comprender la razón? No, eso no pasa en la vida real, ellos debían despertar…
Continuaron el viaje en silencio, se bajaron y su día siguió.
Él no podía borrar de su mente a aquella extraña por la cual su vida había cobrado sentido, todos aquellos años de soledad y martirio podrían olvidarse fácilmente con ella a su lado. Sentía la necesidad de protegerla, simplemente de cuidarla y por eso decidió tomar todos los días el colectivo en el mismo lugar donde ella lo había hecho; algún día debería encontrarla. Sabía cómo pasar desapercibido, tenía años de experiencia.
Y así fue, día tras día, espero y espero. No se daba por vencido, sabia que ella lo estaba necesitando. Veía reflejado en el futuro su vida junto a esa mujer.
Tanto esperar, una tarde sintió su aroma. Si, ella estaba cerca y después de tanto tiempo podría volver a verla. Noto algo distinto, percibió que no todo era igual que aquella primera vez, y estaba en lo cierto; ella sonreía tomada de la mano de un hombre al cual el conocía perfectamente. No soportaba aquello. Un corazón que no existía se rompía. Se consolaba pensando que ella era feliz, pero aunque eso quisiera sabía muy bien que aquel “hombre” que la acompañaba no podía causarle más que dolor.
Intento alejarse de allí pero como si miles de alambres lo atasen al suelo no pudo moverse; y ella que miraba con adoración a aquel otro hombre, sintió la necesidad de alejarse de él, de olvidarlo, sacarlo de su vida como esa tarde en la cual había visto al extraño del colectivo. Soltó su mano, se dio vuelta y se encontraron. El la miro, le sonrió y le dijo:
- Perdón por llegar tan tarde.
Ella vio que aquello era la razón de su existencia y sin dudarlo le dijo:
- Hace tiempo espero tu llegada.


Tatiana Aimé Michelena