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jueves, 14 de febrero de 2013

"El amor no sabe de tiempo - parte II"

Continuando con esta historia http://profugosdepromesas.blogspot.com.ar/2012/12/el-amor-no-sabe-de-tiempos.html aca va la segunda parte.


Luego de aquel día en que Yael se despertó llorando entendió que se había vuelto a enamorar. Él se llamaba Martín, tenía 26 años, era alto, flaco, de pelo color castaño, ni oscuro ni claro, lacio, ojos medios verdosos, eran realmente muy raros, como su corte de pelo. Simplemente hermoso para ella.


Habían pasado a penas tres semanas de aquel día que se conocieron en el bar. Esa noche después de estar todos tomando, Irina y Javier propusieron seguir la diversión en la casona donde los tres vivían ahora. Hacia allí se dirigieron. Siguieron tomando y para que no conduzca hasta su casa Martín, Yael lo invito a que se quede a dormir. Durmieron juntos. Solo durmieron. Abrazados. A la mañana siguiente ella se despertó lo vio durmiendo a su lado y la imagen de los ojos y de la boca de su ex novio vinieron a la mente. Eran muy parecidos a los de Martín.
Se levanto, fue hasta la cocina y puso la pava. Preparó unas tostadas, agarro una bandeja y cuando estaba por salir de la cocina un brazo con una flor en la mano la detuvo. Y ahí estaba él, sonriendo, simplemente sonriendo. Tomó la bandeja, Yael tomó la flor y fueron al living. Él dejo la bandeja en la mesita ratona, fue hasta la biblioteca, comenzó a ver los cds y eligió uno,  - ¿Puedo? – dijo- Yael asintió con la cabeza. Martín eligió el tema número dos, se sentó junto a ella, puso play con el control remoto y susurrándole dulcemente al odio dijo: “Por fin te encontré”. Se hizo una pausa enorme, por lo menos así lo sintió Martín, el tema de Ismael Serrano sonaba y Yael no respondía nada, hasta que de ella broto la voz más dulce que él jamás había escuchado -Te encontré por fin, vagando por las dunas del pasado, y sacie mi sed, bebí del breve hueco de tus manos, tanto te espere, la mirada de un niño tu me diste, la luz de un verano que había olvidado. – cantó. Y se besaron.
 

Eran las 6:00 am pero necesitaba hablar con Martín. Antes tomo un vaso de agua para calmarse. Confesarle que ella también se había enamorado de él no era fácil pero necesario. La noche anterior ellos habían salido a cenar y Martín le propuso viajar juntos para ver a los padres de él. Ella no sabía qué decir, estaba confundida, no quería apresurar nada entre ellos y simplemente le dijo que lo quería pensar. Era un gran paso y no sabía si estaba preparada. Él le pidió que al día siguiente le diera una respuesta porque si la respuesta era “No” él ya se había enamorado de ella y necesitaba decidir cuál era el siguiente paso a dar, es decir, hacia adelante o al costado.
Martín atendió dormido, preocupado y le pregunto si le había pasado algo que llamaba tan temprano un domingo. Yael le dijo que no, que estaba bien, más que bien, que necesitaba decirle, contarle, confesarle algo. El relato comenzó así: “Hoy cuando me desperté Martín no entendía qué me pasaba, estaba llorando, sentía que algo me faltaba. Mire el otro lado de la cama y estaba vacío. Vos me faltas. No sé cómo se dice esto…quiero ir con vos a ver a tus papás. ¿Esta bien? Creo que vos entendes lo que intento decirte. Lo del paso a dar y todo eso…” Martín no hablaba, Yael se estaba poniendo nerviosa y recordó esa primer mañana juntos. Sintió lo que él sentía cada vez que ella callaba y no decía lo que sentía. Insistió: “¡Martín! ¿Estas ahí? Decime algo, no sé, aunque sea un ‘bueno, esta bien’ pero hablame.” Martín por fin hablo –Eso quiere decir que vos estas e……, dale, completa la frase vos Yael. – le dijo. – Bueno sí, estoy enamorada de vos Martín, ahí lo dije, sabes que me cuesta decir lo que siento. ¿Podes venir a mi casa ahora y abrazarme fuerte y saber que no te perdí? Por favor Martín, qué más necesitas que te diga. –
A los quince minutos Martín estaba estacionando el auto en la puerta de la casa de Yael. Ella estaba en la puerta esperándolo, en pijama todavía. Él se acerco y la abrazo cómo ella le había pedido por teléfono. También estaba en pijama y con las pantuflas que ella le había regalado puestas. Entraron y era tan temprano que se acostaron nuevamente. Yael apoyo la cabeza en el pecho de Martín y él simplemente le acaricio el cabello hasta que los dos se quedaron dormidos.


Al fin de semana siguiente finalmente fueron y conocieron a la familia Amador, es decir a la familia de Martín. Pero esa, esa es otra parte de esta historia.


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